sábado, 11 de febrero de 2017

"HAGO REALIDAD TUS DESEOS"


Al pueblo había llegado una mujer, llena de pañuelos de colores, baratijas, olor a incienso, y hierbas que parecía beber compulsivamente cuando no estaba fumando su pipa a la puerta del mercado. Llevaba allí unos quince días cuando una mañana levantó un simple tenderete de tela roja, muy fina, tanto que quien estaba en el interior podía ver lo que pasaba fuera y viceversa.
A la entrada del llamativo tenderete colocó un cartel que rezaba: "Haré que tus deseos se hagan realidad". Más por curiosidad que por creencia, entró, a los dos días, uno de los vecinos del pueblo. El carnicero. Ella lo miró sin pestañear, lo había visto por el mercado como a casi todos los habitantes, sabía quién era pero teniendo en cuenta que llevaba delantal y olía a animal muerto, podría haberlo deducido fácilmente. El carnicero se sentó en la silla que le ofreció frente a ella. Como muda intermediaria, una mesa redonda.
Dio una calada a su pipa, impregnó el aire con olor a menta y le preguntó sin rodeos:
─¿Cuál es su deseo?
─¿Es una pitonisa? ¿Adivina el futuro?
─Ni lo uno, ni lo otro. Soy una viajera con un pequeño don que suelo compartir, haré que su deseo se haga realidad. ¿Qué desea?
─Deseo tener mucho dinero para poder ampliar mi negocio y permitirme tener un ayudante. Estoy muy cansando.
─¿Eso es todo?
─Sí.
─Bien, ahora haré lo siguiente ─se levantó y bordeó la mesa aproximándose a él─ voy a escribir cómo lograr su deseo en la palma de su mano. Lo escribiré con esta preciosa pluma ─apareció de la nada, en su mano derecha, una pluma de vívidos colores acorde con el escenario donde estaba transcurriendo la extraña escena, o eso pensó el carnicero─. Debe darse prisa en leer lo que escriba, puesto que la tinta se borrará en tres segundos.
─¿Qué? ─ella tomó su mano, y girándose la ocultó con su cuerpo a la vista del cliente mientras escribía todo lo necesario para que él consiguiera hacer realidad su deseo. Al acabar volvió a girarse y colocó la palma de la mano del carnicero a la altura de sus ojos. Él, medio aturdido, por lo raro de la situación, alcanzó a leer algunas frases escritas en una enjuta letra que a pesar de todo era fácilmente legible: "Comprar un traje y jabón en la tienda frente a la carnicería y solicitar ayuda a la mujer..." y justo entonces se borró todo lo escrito.
─¿Qué? No puede ser. No he podido leerlo. Además, ¿qué tiene esto que ver con mi deseo? Dejar la carnicería para comprar no sé qué... Eso solo haría que perdiera clientes y dinero. ¡Es una estafadora! ¡No tiene ni idea de cómo hacer que mi deseo se haga realidad!
─Disculpe, señor, pero ya le adelanté lo que iba a pasar y el tiempo del que disponía. No sé qué tiene que ver con su sueño ─dijo con su mirada gatuna─ pero es lo que la pluma ha escrito y ella no se equivoca.
─¡No pienso pagar por esto!
─Pero si ya lo ha hecho, señor ─y le enseñó un par de billetes que desaparecieron al instante entre sus dedos. El carnicero estaba más asustado que enfadado por la pérdida del dinero, y se palpó el bolsillo para asegurarse que su cartera estuviera en su sitio, pero pudo localizarla, en un segundo intento, en el bolsillo contrario. Se levantó titubeante y antes de irse se giró de cara a la señora que había vuelto a su asiento al otro lado de la mesa redonda, y le preguntó:
─¿De verdad eso hará mi sueño realidad? ─ella le guiñó un ojo como respuesta.

Una semana más tarde, otro vecino del pueblo entró en el tenderete y la escena se repitió. Muchos de los habitantes cruzaron el tul rojo de la entrada, cada uno con su deseo, cada cual con su anhelo. Y la "Gran Señora", como empezaban a apodarla, mantenía su pluma al servicio de todos ellos.
Muchas semanas pasaron desde que se instalara allí, y una tarde, en la cantina del pueblo, el carnicero, absolutamente transformado: barba recortada, peinado con limón y el delantal impoluto a juego con sus inmaculadas uñas, les contaba a los que aún no habían acudido a visitar a la Gran Señora, cómo esta había cambiado su vida.
─Pero, ¿tú que deseo le dijiste? Porque el mío no se ha cumplido. Bueno, al menos no como yo esperaba.
─La Gran Señora, sabe cuál es tu deseo aunque no se lo digas ─comentaba otro parroquiano.
─La Gran Señora, sabe cuál es tu deseo aunque tú no lo sepas ─proclamó otro adepto de la mujer. Y así, uno tras otro, iban ensalzando sus buenas artes.
Había llegado, hacía muy poco, un forastero al pueblo, que en el aquel momento escuchaba atento las historias. Tras un rato escuchando a esa buena gente, por su cabeza cruzó la idea de desenmascarar a aquella farsante, no estaba bien aprovecharse de la gente sencilla, alguien como él debía evitarlo. Así que le pidió al carnicero que le contara su historia con detalle. Cuando el complacido narrador acabó, el forastero le indicó:
─Pero no ha ampliado su negocio, ni ha conseguido un ayudante. ¿Cuánto hace que visitó a la señora?
─La Gran Señora ─puntualizó el carnicero─ La visité hace unos cinco meses o así.
─Entiendo. ¿Y le dijo cuándo se haría realidad su deseo? Porque por ahora nada, ¿no?
─Bueno, sí, pero no. Después de seguir su consejo y acudir a la tienda y todo lo demás conocí a la que ahora es mi mujer, y esperamos un hijo ─añadió con una sonrisa que no le cabía en la cara.
─¡Entonces va a ser incluso más pobre que antes!
─Eso, señor, depende de cómo mida usted la fortuna. Además dentro de pocos meses tendré al que será mi ayudante ­─volvió a sonreír y su sonrisa se extendió desde los ojos a todo el rostro─ puede, incluso, que más de uno.
─¿De verdad no se da cuenta de que ha sido engañado?
─¿Engañado? Si esto es un engaño, que vengan muchos más como este.
Dejándolo por imposible, el forastero, lanzó un cebo diferente:
─¿Y cómo cree que lo hace?
─¿El qué?
─Adivinar los deseos de la gente.
─Es por la pluma de "tinta rápida". Bueno, al menos nosotros la llamamos así.
─La pluma. No me lo creo, ella dirige la pluma, debe haber algo más, y yo voy a averiguarlo.
Todos se quedaron boquiabiertos ante la osadía del forastero. Tal vez podría descubrirlo pero, ¿y si eso molestaba a la Gran Señora y se iba? Nadie estaba de acuerdo con esa temeridad.
**
Un brillo de advertencia destelló en la mirada de la Gran Señora cuando el desconocido entró en su tenderete, pero no dejó que esa expresión fuera más allá de sus ojos.
─Bienvenido al pueblo ─le saludó mientras fumaba su pipa.
─Gracias, ¿ha oído hablar de mí?
─En realidad no, pero sé que no es de aquí.
─Ya veo ─realizó una pausa, pero al ver que ella no iniciaba la conversación, sino que se limitaba a observarlo, continuó─ Vengo para que haga realidad mi deseo.
─Su deseo ─repitió mientras exhalaba el humo─ ¿Y cuál sería?
─¿No puede adivinarlo? En el pueblo se dice que usted revela, a quién le pide ayuda, su verdadero deseo.
─No soy responsable de lo que se dice en el pueblo sobre mí, solo puedo convivir con ello. Y tampoco adivino los motivos que tiene la gente para venir a verme ─utilizó la palabra motivo adrede, pero el forastero no se inmutó al respecto.
─Entiendo ─otro silencio acompañó a sus palabras. Ambos se estudiaban con cautela, preparando el siguiente envite. Pero esta vez fue ella quien rompió el silencio:
─¿Quiere un té?
─No me gustan los brebajes extranjeros.
─¡Vaya! Eso sí que no me lo esperaba. ¿Teme que lo envenene con mi té? ¿O tal vez que lo drogue? ─preguntó perspicaz.
─Puede.
─¿Quiere que beba de su taza primero?
─No, aun así no sabría si puedo fiarme de usted.
─Un desconfiado y curtido viajero, por lo que veo.
─No se debe aceptar comida ni bebida en el hogar del enemigo ─citó la frase que había aprendido en aquel libro cuyo nombre no podía recordar.
─¿Somos enemigos?
─Tal vez solo contrincantes.
─Aprecio la corrección ─sonrió.
─Deberíamos entrar en materia, ¿no?
─Usted dirá.
─Mi mayor deseo es conocer su secreto.
─¿Y para qué querría saber eso? ─esbozó una cínica sonrisa.
─Tal vez para levantar un tenderete justo a su lado, tal vez porque me gusta conocer los secretos de la gente.
─Tal vez para desenmascarar a una timadora ─escrutó.
─Tal vez ─concedió.
─¿Está seguro que ese es su verdadero deseo?
─Sí.
─Como desee. Supongo que conoce la rutina y el tiempo del que dispone.
─Sí, lo sé. No se preocupe, vengo informado ─sonrió con malicia. Era evidente lo que debía hacer, si la tinta solo permanecía tres segundos en su mano, debía empezar a leer por el final, así sabría lo que quería.
La Gran Señora, se levantó acompañada de un suave movimiento de su ropa de seda, dejó su pipa en la mesa y salvó la distancia que la separaba del forastero.. Cogió su mano e interpuso su cuerpo  entre ella y la mirada inquisitoria de él. La pluma surgió de su mano, pero el forastero no le hizo el menor aprecio, seguía intentado atisbar cualquier rastro de las letras que le iba a escribir en la palma de la mano. Ella alzó una ceja y se dispuso a darle exactamente aquello que quería. Cuando acabó, el tiró de la mano sin miramientos y empezó a leer desde el final hacia arriba: "Pero aquello no le hizo feliz". "Así fue como descubrió el secreto de la señora" "Y entonces lo supo y las piezas encajaron"... Y la tinta desapareció.
─¿Qué es esto? No he podido leer nada.
─Pues qué raro, porque estaba escrito la mar de claro.
─Solo leí que descubrí su secreto, pero no cómo.
─Pero es imposible, estaba todo ahí, al principio ─dijo con sorna la última palabra y sonrió para sus adentros.
─Sabía que iba a leer desde el final y lo ha hecho a propósito ─reclamó indignado.
─¿Cómo iba a saber yo, una estafadora, tal cosa? ¿Empezó a leer desde la última frase y siguió hacia arriba? ─negaba con la cabeza a modo de fingido regaño─ Quiso hacer trampa y mire lo que le pasó.
─Quiero hacerlo de nuevo.
─No se puede. Solo hay una oportunidad.
─No quiere que lo averigüe, ¿cierto?
─Pero si ya lo ha hecho, solo que no se da cuenta, igual que no supo leerlo correctamente.
─¿A qué se refiere?
─La gente como usted jamás estará satisfecha con lo que tenga o averigüe. No quiere conseguir lo que desea. Ni si quiera sabe lo que desea ─él la miró escéptico─ ¡Oh, vamos! No le importa nada mi secreto, seguirá viviendo igual lo sepa o no. Solo quiere ganar, le da igual cómo.
─¿Qué está insinuando?
─La gran mayoría de la gente no sabe lo que quiere, lo aprende mientras persigue objetivos equivocados. ¿Cree que si le hubiera dicho al carnicero que lo que necesitaba era un motivo para esforzarse, lo habría aceptado de buen grado? Si le hubiera dicho que sería rico, siendo más pobre ¿me habría creído? Pero mírelo ahora.
─¿Está admitiendo que no puede hacer realidad los deseos? Es una farsante, lo sabía, lo sabía.
─Y supongo que eso lo hace inmensamente feliz.

─¿Qué? ─Y entonces lo supo y las piezas encajaron. Así fue como descubrió el secreto de la señora. Pero aquello no le hizo feliz.

21 comentarios:

  1. Tus textos dejan un sabor de misterio en la mente del que lo lee
    La gran mayoría de la gente no sabe lo que quiere, lo aprende mientras persigue objetivos equivocados. Es tan cierto y real lo que dices porque me pasa y sigue pasando
    gracias por tus comentarios bella dama

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  2. Recomenzar. Gracias a ti por pasarte por mi otra casa virtual.
    Besos

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  3. Esa señora con una mirada entendía a las personas.

    Besos

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  4. Chaly, observar es tener media batalla ganada.
    Besos

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  5. Inteligente cuento con moraleja. No empezando por 'érase una vez' debo entender que no hay nada pactado y que ese terreno de la fantasía tiene truco.
    Me voy no sabiendo si lo que sé me hace feliz o infeliz... o todo lo contrario. Eso si, escribes bien, eso si me hace feliz.
    Por cierto ¿que fue de la dama del tenderete? ¿Montó una multinacional?

    un beso descastigado.

    · LMA · & · CR ·


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  6. Me ha encantado este relato. Profundidad psicológica y perfume a cuento tradicional, envuelto en té de menta y tabaco de pipa.

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  7. Ñoco, a mí me hace feliz verte por aquí. La mujer del tenderete (cual Mary Poppins) seguirá su camino y conocerá otros pueblos y sanará otros destinos. Curtida viajera. Besos de cristal. :p

    Ninqisse: Me gusta el perfume que te deja el texto. A la espera del tuyo. ;)

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  8. Siempre deseando más cuando termino de leerte.
    Un fantástico cuento con una moraleja potente como si de un bofetón de realidad se tratase.
    Y sí, ya lo sabes, soy muy fan de como escribes :P

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  9. Gea, estrenándote en comentar. Me hizo ilusión que te pasaras aunque fuera a recibir "un bofetón de realidad"
    Besos

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  10. Me ha gustado, y quizás por la situación de la llegada de ella, me ha recordado un cuento que amo que es Dos Palabras de Isabel Allende. Felicitaciones

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  11. ¡Nata! ¿Dos palabras? me avergüenza decirlo pero no recuerdo haberlo leído, raro. ¿En cuentos de Eva Luna? Me voy a preguntarte a otros lugares. Gracias por leerme, y si te gustó viniendo de ti mucho mejor.
    Besos

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  12. Muy sabia la mujer del tenderete, porque nadie puede hacer una lista real de sus deseos sabiendo de antemano que si se cumplieran le harían feliz.

    Descubrimos la felicidad al azar. Una vez conocí a un hombre tan rico que no tenía ni que trabajar. Parecía tenerlo todo, pero no era feliz, y en el tiempo que hice un trabajo para él descubrí por qué. Todas sus carencias eran de índole afectiva.

    Me encantó el personaje y toda la parafernalia con la que lo has "vestido". Muy visual y atractivo.

    Me gustaría que esa pluma mágica escribiera que no nunca le pasará nada grave ni muy doloroso a las personas que amo, eso sería mi felicidad.

    Un beso,

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  13. Tesa, ya sabes, la pluma está al alcance de la mano de cualquiera. Espero que seas feliz. :p
    Besos

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  14. Bonita historia, de las que enganchan desde el principio. Y como todo buen cuento con una buena moraleja. Ya se sabe, ten cuidado con lo que deseas que a lo peor lo consigues...
    Besos.

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  15. Una pluma mágica, un tiempo breve, un camino lleno de curvas y al final, lo que deseas, parece que la Señora conocía un poco las reglas para vivir.
    Hermosa historia, gracias por ella

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  16. Elvis, que bueno verte también por aquí. (Siempre bienvenido)
    Gracias por el comentario.
    Besos

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  17. Pilar V, como bien dices, conocía las reglas, a ver si sabemos seguirlas.
    Gracias a ti por pasarte.
    Saludo

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  18. No se puede ser adivina sin ser un poco psicóloga :) a veces queremos creer, otra veces queremos soñar y otras, simplemente, que nos digan lo que tenemos que hacer porque nos aterra pensar... un buen relato, gracias

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  19. Beauséant, me alegra leerte también por aquí. Un poco de guía, que nos digan qué hacer siempre atrae, de qué vivirían las religiones :p
    Gracias a ti por pasarte.

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  20. Me ha encantado, no podía dejar de leer, Ahora me gustaría que me dijeras algo bonito como has hecho con los demás, y que me digas lo que tengo que hacer.
    Un beso misterioso y admirante.

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  21. Tecla, veo que el encantamiento del érase una vez te trajo a este cuento. Pero me confundes yo no fumo en pipa. Aun así te diré algo bonito siempre que te haga falta. Nos leemos.
    Un abrazo

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